Welcome to WordPress.com. This is your first post. Edit or delete it and start blogging!

Anuncios
De acuerdo con un artículo publicado por Jim Giles en New Scientist, nuestras posiciones políticas están sustancialmente determinadas por la biología. “Estas maneras de pensar están profundamente arraigadas en nuestro cerebro. Tratar de persuadir a alguien de que no sea de derecha o de izquierda es como tratar de convencerlo de que no tenga ojos marrones”, señaló John Alford, politólogo de la Universidad de Rice, en Houston, Texas.
Las evidencias que respaldan esta idea están creciendo. Estudios en mellizos sugieren que las opiniones sobre una variedad de temas, desde la inclusión de la religión en las escuelas hasta los derechos de los homosexuales, pueden tener un importante componente genético. En 2005, Alford publicó un trabajo en el que analizaba dos décadas de estudios en genética del comportamiento, incluida una gigantesca base de datos con las opiniones políticas de 30 mil pares de mellizos. Según el estudio, publicado en American Political Science Review, los gemelos (mellizos idénticos) tenían más probabilidades que los no idénticos de dar las mismas respuestas a preguntas sobre política. Cuando se preguntaba si la propiedad debería ser gravada, cuatro quintos de los gemelos daban la misma respuesta que dos tercios de los mellizos. Si recordamos que los mellizos idénticos tienen los mismos genes mientras que los no idénticos sólo comparten la mitad, este comportamiento sugiere una influencia genética.
El caso es que algunos genes les dan forma a rasgos de la personalidad, y ésta a su vez está vinculada con la posición política. En 2003, el equipo dirigido por el psicólogo John Jost, de la Universidad de Nueva York, realizó una revisión de 88 estudios que abarcaban a más de 20.000 personas de 12 países para intentar hallar una correlación entre personalidad e inclinación política. Los resultados, publicados en American Psychologist, demostraron la existencia de una gran cantidad de conexiones intrigantes. Las personas que tenían mucho miedo a la muerte, por ejemplo, tenían cuatro veces más posibilidades de apoyar posiciones conservadoras, mientras que los que expresaban interés en tener nuevas experiencias tendían a ser liberales.
El especialista en ciencias políticas James Fowler, de la Universidad de California, en San Diego, opina que es la decisión de votar, en lugar de quedarse en la casa el día de elecciones, lo que tendría origen genético. Es evidente que el acto de votar posee una dimensión emocional. Por ejemplo, los votantes tienen algún grado de confianza en su candidato. Esto sugiere que podrían estar involucrados dos genes muy estudiados: el 5HTT y el MAOA, que participan en el control de los niveles de la serotonina, un neurotransmisor que influye en las áreas cerebrales relacionadas con la confianza y la interacción social. Las personas que poseen versiones más eficientes de ambos genes tienden a ser más sociables. Según la hipótesis de Fowler, esas personas deberían ser más propensas a votar. En un estudio publicado en The Journal of Politics, Fowler lo confirma. Con datos sobre 2500 estadounidenses demostró que aquellos con versiones del gen MAOA capaces de regular mucho mejor el neurotransmisor son 1,3 veces más propensas a votar que los que tienen una versión menos eficiente. El 5HTT por sí solo no mostró semejante efecto.
Esto explicaría por qué a veces las posiciones políticas son tan resistentes a los razonamientos y tal vez nos ayude a comprender nuestro comportamiento como colectivo político. Tal vez la frase “cada pueblo tiene los dirigentes que se merece” tenga una interpretación más profunda de la que originalmente se le dio.